
Invité a mi par de enanetes a comer y al estilo de
El Gran Pez les comenté que yo había protagonizado la película de Wolverine, que la panza me la habían reducido con efectos de computadora. Por supuesto, no me creyeron y les propiné una buena... lección, al menos a nivel de apunte en esta servilleta.
Por cierto, qué envidia que el Wolverine pueda fumarse todos los puros que guste sin preocuparse del cáncer.